14 de diciembre

Hace frío. Allí fuera llueve. Me gusta escuchar como las gotas de agua caen rápidamente y chocan contra el suelo. Me relaja. Me hace sentir bien.
Ya es pasada la media noche y yo sigo aquí. Estoy mirando a la nada, con una taza de te y mi mantita favorita. A veces me quedo así un buen rato. Pensando. Pensando en el pasado y en el futuro. Pensando en historias que, para la gente normal, pueden ser de alegría y felicidad, pero en cambio para mi solo es una triste y larga agonía.
Tengo 20 años. Hace poco fue mi cumpleaños, pero no lo celebré. Mejor dicho no quise celebrarlo. Creo que es una estupidez reunir a una aglomeración de gente, que tal vez solo conozcas, porque la viste una hora en.la fiesta del amigo, de la amiga de tu prima. O que te hayas enrollado con él o ella. Lo encuentro una tontería y un tiempo desperdiciado, ya que a partir de ese momento no se van a volver a acordar de ti. Y espera sentado a que te traigan un regalo, porque estando de pie te cansaras. Y lo peor de todo es que te van a poner la excusa perfecta, pero más idiota del mundo para no decirte que no han traído regalo de cumpleaños en tu cumpleaños. Y después viene el pastel. Ese pastel que ha hecho tu madre poniendo 'Felicidades cariño' y el número 20 en grande. No hay cosa que más odie en el mundo. La mejor parte es cuando todos se van. Se van, aunque me dejen la casa hecha un desastre, hayan roto todos los vasos de la mesa y más. Mejor ni pensarlo. Yo prefiero esto. Paz. Armonía. Estar conmigo misma. Hablando sola. En voz alta o para mi adentro. Reír. Llorar. Cantar o bailar. Fumar. Beber. No importa que haga pero así quiero estar. Aunque a veces cambien las cosas, aunque no nos demos cuenta el mundo que gira a nuestro alrededor cambia constantemente. La gente cambia. Los amigos ya no son tan amigos. Hasta tu perro te ignora y le hace más caso a tu madre que a ti. Entonces también hay un día que tu cambias. Tal vez ese día hayas encontrado a una persona que te ha robado el corazón. Que te corta la respiración cada vez que te mira. Que se te cae la baba con ese culito. Que te intimida con sus ojos. Que te hace brillar, saltar, incluso hasta reír. Tal vez esa persona sea la correcta. La que llevas 10.000 años buscando y hasta ahora no has encontrado. Ese chico. Esa chica. Que te hace sentir especial. Te entiende. Ríe y llora contigo. Que se pone un calcetín de cada color por la mañana. Que le echa dos cucharadas de azúcar al café. Que llora con una película. Que mira debajo de la cama para asegurarse de que no hay monstruos. Una persona bonita. Tu persona bonita. Tu otra mitad.
La pregunta es... ¿Cómo sabes que es ella la persona? Pues simplemente lo sabes. Porque te llena. Porque cada vez que la ves en tu estómago revolotean mariposas sin parar.
Pero a la vez te entra esa angustia, de pensar que tienes que estar atada a una persona, que tal vez te trate bien, pero tal vez te trate como a una basura. Y es que, en realidad, cuando te haces mayor, te das cuenta de que las apariencias engañan, y que tal vez el chico o la chica más guapo o más guapa del mundo, sea una persona despreciable y egoísta, que solo piense en su misma persona. Y que tal vez ese chico o chica en el que nunca te fijarías es una persona maravillosa, que te hace sentir especial. Que cada vez que estas con él o con ella, dejas toda la mierda que tienes atrás porque te traslada a otro mundo. Y en realidad eso es lo que importa. Nada más.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una chica normal